El secreto está en generar contenido

Animarse a ser

Aferrarse a ciertas ideas puede ser una trampa mental que nos lleva al fracaso. ¿Y qué sería fracasar estrepitosamente? Culpar a otros de nuestras circunstancias. Buscar respuestas fuera de nosotros mismos. Aunque suene a cliché, llega un momento en que hay que tomar una decisión: dejar de consumir contenido y empezar a crear.

Es mejor dejarse llevar por el teclado. En mi caso, no pienso demasiado en la siguiente palabra. Aunque suelo buscar libros sobre cómo escribir, Mientras Escribo, de Stephen King, es un favorito, lo más importante es escribir, todo el tiempo y todo lo que puedas. Y, de repente, te sentís mejor. Hay tantas historias por contar, tantas cosas por decir. Aunque parezca que todo ya fue dicho, esa es una gran mentira.

Una decisión

A veces, las palabras en mi cabeza se sienten como migas en la cama: incómodas, inevitables. Escribirlas es una manera de sacudirlas y dejarlas volar. Leer también ayuda, porque las palabras forman imágenes en tu cerebro. No entiendo cómo hay gente que no disfruta leer, es como la gente que no disfruta la comida: inconcebible.

Es una experiencia completamente distinta al doom scrolling infinito o la pasividad de ver videos. Incluso escuchar música está más conectado con nuestro cerebro, con la forma en que interpretamos los estímulos. El proceso de crear nos estimula de maneras que, aunque no las entendamos del todo, son necesarias.

Nuestra audiencia

Pensar en quién leerá esto es otro error. Al final, no está bajo nuestro control quién encontrará estas palabras. Producir es un acto de rebeldía, y no se trata de nosotros. Tal vez se trate de una amiga o alguien con quien quieras compartir el fruto de tu trabajo. Pero incluso entonces, debe ser un acto revolucionario de autonomía.

El condicionamiento de los otros, ese infierno que representan, puede convertirse en cadenas invisibles. Estas cadenas te frenan y evitan que digas eso que llevás en la cabeza. Pero si no lo decís, probablemente termines con un sarpullido, dolor de cabeza o algún otro síntoma en el cuerpo. Porque el cuerpo también necesita expresión: pintar, dibujar, escribir, sacar fotos, cantar o bailar. Crear es más que arte; es supervivencia.



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